La Foradada de Cantonigròs, una ruta breve y muy fotogénica

La Foradada en Cantonigròs, una cascada espectacular rodeada de rocas y vegetación, creando un paisaje natural impresionante.

Escrito por

Jesús Delagarza

Publicado el

24 jul 2026

Índice

La Foradada de Cantonigròs es una escapada breve que combina cascada, roca perforada y un paisaje de bosque muy agradecido para caminar sin complicarse. Aquí encontrarás una explicación clara de qué hace especial este rincón, cómo llegar según el tiempo que tengas, en qué momento merece más la pena ir y qué detalles prácticos conviene revisar antes de salir. Si te interesan los parajes naturales con una parte de camino tan valiosa como la llegada, este sitio encaja muy bien.

Puntos clave para visitar este rincón del Collsacabra

  • El atractivo principal no es solo el salto de agua, sino la roca agujereada que da nombre al lugar y enmarca el paisaje.
  • La opción más rápida suele salir desde Cantonigròs, con unos 4 km y alrededor de 1 hora.
  • Desde l'Esquirol la caminata es más completa: 10 km y unas 3 horas aproximadamente.
  • La ruta oficial más amplia ronda los 11,6 km y permite una visita más pausada, incluso en bicicleta en parte del recorrido.
  • Tras lluvias recientes el entorno gana fuerza visual, pero también sube la prudencia que exige el terreno.
  • Conviene ir con calzado firme y respetar la señalización local, porque es una zona bastante frecuentada.

Qué hace especial este salto de agua

Lo primero que conviene entender es que aquí no estamos ante una gran cascada de postal alpina, sino ante un lugar mucho más singular: una poza y un salto de agua abrazados por paredes de roca, con un gran hueco natural que convierte la escena en algo muy reconocible. Esa perforación es la que da sentido al nombre de la Foradada y, en la práctica, es la pieza que hace que el lugar se recuerde más por su forma que por su tamaño.

El entorno está en la riera de les Gorgues, en pleno paisaje de Collsacabra, donde el agua ha trabajado durante mucho tiempo sobre la roca hasta crear un rincón muy fotogénico y con mucha personalidad. Yo siempre diría que este tipo de espacio gana cuando no se mira con prisa: el interés está en la combinación de agua, pared, sombra y vegetación, no solo en llegar y hacer una foto rápida.

Eso también explica por qué funciona tan bien como excursión corta. No necesitas una jornada completa ni una preparación especial, pero sí una mínima atención al camino y a las condiciones del terreno. Esa mezcla de accesibilidad y carácter natural es la que marca la diferencia frente a otros parajes más previsibles. Y precisamente por eso merece la pena elegir bien la ruta antes de salir.

Una mujer admira la cascada y el arco natural de la Foradada en Cantonigròs. El agua verde turquesa contrasta con las rocas erosionadas.

Cómo llegar y elegir la ruta que mejor encaja

La visita cambia bastante según el punto de salida. Si vas con poco tiempo o solo quieres centrarte en el salto de agua, Cantonigròs suele ser la opción más directa. Si prefieres una excursión con más recorrido, sombras y paisaje, l'Esquirol ofrece una experiencia más completa y menos apretada.

Punto de salida Distancia aproximada Tiempo estimado Para quién encaja mejor
Cantonigròs 4 km 1 hora Visita corta, ritmo tranquilo, media mañana o tarde breve
l'Esquirol 10 km 3 horas Quien quiere caminar más y disfrutar del entorno con calma
Ruta oficial más amplia desde l'Esquirol 11,6 km 2 h 30 min a pie Excursión redonda, con opción de alargarla y variar el ritmo

La lectura práctica es sencilla: si vas a por la cascada, elige la ruta corta; si vas a por una salida de naturaleza con más cuerpo, la de l'Esquirol compensa mejor. Yo, personalmente, solo escogería la más larga si me apetece caminar sin mirar demasiado el reloj, porque el tramo final y el regreso se disfrutan más cuando no vas pendiente de volver enseguida.

También conviene asumir algo importante: aunque no hablamos de una ruta técnica, tampoco es un paseo urbano. Hay zonas con pendientes, terreno irregular y tramos que pueden volverse más delicados si ha llovido o si el suelo está húmedo. Esa pequeña advertencia evita muchos errores de cálculo, sobre todo en salidas familiares o cuando alguien subestima el recorrido. A partir de ahí, lo interesante es ver qué te acompaña durante el camino.

Qué encontrarás durante el recorrido

El trayecto tiene una virtud que yo valoro mucho en este tipo de excursiones: alterna tramos de bosque cerrado con momentos más abiertos, de modo que la llegada no se siente plana. En la parte más sombreada aparecen robles, avellanos, arces, tilos y otras especies de ribera que hacen que el camino sea agradable incluso en días calurosos.

Además, la ruta va pegada al paisaje de la riera, así que el sonido del agua y la vegetación densa van construyendo ambiente antes incluso de ver el salto. Eso es importante, porque la experiencia no se limita al punto final. Si caminas sin prisa, el lugar se va preparando poco a poco y la recompensa funciona mejor.

Entre los hitos que más suelen llamar la atención están la Font de les Fontiques, el salto del Frare y los tramos que combinan sombra y vistas más abiertas en la vuelta. Ese contraste es el que hace que el recorrido no resulte monótono. La ida suele sentirse más íntima y envolvente; la vuelta, más despejada y ligera. Ese cambio de ritmo es una de las razones por las que la ruta queda tan bien en una escapada de medio día.

Si vas con niños que ya caminan con soltura, la excursión puede funcionar bien, pero yo no la plantearía como si fuera un parque llano. Es mejor llevar margen, parar a observar y no convertirla en una carrera. Cuando se pisa con calma, este tipo de paraje se entiende mucho mejor. Y eso enlaza directamente con otro factor que cambia bastante la experiencia: el momento elegido para ir.

Cuándo ir para verla en su mejor versión

La Foradada no se disfruta igual todo el año ni en cualquier momento del día. En épocas secas, el entorno sigue siendo bonito, pero el salto pierde parte de su fuerza visual. En cambio, después de lluvias recientes el agua suele dar más espectáculo, aunque también aumenta la necesidad de moverse con cuidado porque las piedras y algunos pasos pueden estar resbaladizos.

Si me preguntas cuándo merece más la pena, yo suelo pensar en dos escenarios. El primero es después de una lluvia moderada, cuando el caudal da más presencia al conjunto sin que el terreno esté excesivamente castigado. El segundo es una franja horaria con luz suave, cuando la roca y la vegetación se ven mejor y no hay tanta dureza de contraste en las sombras.

También ayuda evitar las horas centrales si vas en temporada de más afluencia. Es una zona popular, y eso significa que la experiencia mejora bastante si llegas temprano o si eliges un día entre semana. No hace falta obsesionarse con la soledad, pero sí entender que la magia del lugar se disfruta mejor sin ruido ni prisas alrededor.

En resumen, la visita gana cuando el agua acompaña, el suelo está razonablemente seco y el flujo de gente no te obliga a estar pendiente de los demás. Con ese equilibrio, el paraje se ve de otra manera. Y para que esa salida salga bien, hay una serie de decisiones pequeñas que marcan más diferencia de la que parece.

Consejos prácticos y errores que yo evitaría

Hay excursiones en las que los errores se pagan poco, y otras en las que una mala decisión te quita media experiencia. Esta cae en el segundo grupo si vas mal calzado, llegas tarde o confías demasiado en que el camino será obvio. Yo evitaría, sobre todo, estas situaciones:

  • Ir con calzado urbano o suela gastada, porque el terreno pide agarre real.
  • Salir sin agua, aunque el recorrido sea corto; en días cálidos, la sensación de esfuerzo sube más de lo que parece.
  • Confiarse con el tiempo de vuelta si has parado mucho en la cascada o si vas con niños.
  • Acercarse a zonas resbaladizas para hacer una foto mejor; no compensa.
  • Dejar el coche o improvisar el acceso sin revisar antes la señalización y las indicaciones locales.

También me parece importante respetar el carácter del lugar. Hay control e información municipal en el entorno, y eso no está ahí por capricho: cuando un espacio natural recibe muchas visitas, la organización ayuda a conservarlo y a evitar que la experiencia se degrade para todos. La mejor forma de disfrutarlo es entrar con una actitud simple: caminar, observar, no tocar lo que no hace falta tocar y no dejar rastro.

Si vas a hacer fotos, mejor pensar en el paisaje completo y no solo en el agujero de la roca. Ese detalle tan visible a veces hace que la gente olvide el bosque, la riera y la sensación de conjunto, que es justo lo que da sentido al sitio. Esa visión más amplia te lleva, además, a aprovechar mejor la escapada y a conectar la Foradada con el resto de Collsacabra.

La escapada que mejor encaja con la Foradada

Este rincón funciona muy bien como pieza central de una jornada corta por Collsacabra. Si solo tienes medio día, yo lo plantearía así: caminata sin prisas, parada en el salto de agua, algo de tiempo para mirar el entorno y regreso tranquilo. Si luego quieres alargar la jornada, el propio entorno de l'Esquirol y Cantonigròs ya da juego suficiente para completar el día con una comida sencilla y un paseo más suave.

Lo que no haría es intentar exprimir demasiadas paradas en una sola salida. La Foradada tiene sentido precisamente porque no exige una logística pesada. Es un lugar que premia el ritmo lento, la lectura del paisaje y la visita bien organizada. Si lo tratas como una excursión corta pero bien pensada, la recompensa es alta para el tiempo que inviertes.

Por eso, cuando alguien me pregunta si merece la pena, mi respuesta es clara: sí, siempre que vayas con expectativas correctas. No es una gran travesía ni un monumento natural aislado del resto del territorio; es un paraje pequeño, muy bien situado y con suficiente personalidad como para justificar la salida. Y justamente ahí está su valor: en ofrecer naturaleza de verdad, accesible, cercana y con una identidad muy marcada.

Preguntas frecuentes

La salida más directa es la de Cantonigròs, con unos 4 km y alrededor de 1 hora. Es la opción más cómoda si quieres centrarte en el salto de agua sin hacer una excursión larga.

Desde l'Esquirol la caminata es bastante más completa, con unos 10 km y unas 3 horas aproximadamente. Además, la ruta oficial más amplia ronda los 11,6 km y permite una visita más pausada.

El artículo recomienda sobre todo ir después de lluvias moderadas, cuando el salto gana presencia. Aun así, conviene extremar la prudencia porque el terreno puede estar resbaladizo y las piedras se vuelven más delicadas.

Lo ideal es ir con calzado firme, llevar agua y revisar antes la señalización y las indicaciones locales. También es mejor no acercarse a zonas resbaladizas para hacer fotos y no subestimar el tiempo de vuelta.

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Etiquetas:

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Jesús Delagarza

Jesús Delagarza

Me llamo Jesús Delagarza y llevo 3 años dedicándome a compartir mi entusiasmo por el turismo rural, la naturaleza y la aventura en España. Mi interés por estos temas nació de las escapadas que hacía de niño por la sierra, descubriendo rincones que parecían sacados de un cuento. Hoy, mi objetivo es trasladar esa misma sensación de descubrimiento y asombro a quienes visitan elmiradorderioparviejo.es. Me esfuerzo por ofrecer información clara y contrastada sobre rutas, alojamientos con encanto y actividades al aire libre, buscando siempre la forma más sencilla de explicar los detalles, para que planificar tu próxima aventura sea tan emocionante como vivirla.

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