En la costa oriental de Cantabria hay una formación que convierte una excursión corta en una salida muy completa: el ojo del diablo de Sonabia, un arco natural de roca caliza con vistas directas al Cantábrico. En este artículo te explico qué es exactamente, por qué llama tanto la atención, qué ruta conviene hacer según tu forma física y qué debes llevar para no llevarte una sorpresa con el terreno. Si te interesan los parajes naturales con carácter, aquí vas a encontrar una guía útil y sin adornos de más.
Lo esencial para visitar esta formación costera sin perder tiempo
- Está en Sonabia, entre Liendo y Castro Urdiales, en la costa oriental de Cantabria.
- La visita más habitual se hace por sendero y puede quedar en una salida de unos 6 km o ampliarse hasta 7,34 km en circular.
- El terreno es calizo, con piedra suelta y tramos en los que conviene usar las manos.
- La mejor idea es ir con calzado de montaña, agua suficiente y previsión meteorológica revisada.
- Si quieres aprovechar el día, la playa de Sonabia y Castro Urdiales encajan muy bien en la misma jornada.
Qué es exactamente y dónde está
Los Ojos del Diablo no son un mirador artificial ni una atracción preparada: son dos arcos naturales que se abren en el macizo de Candina, junto a Sonabia. Yo prefiero pensarlos como una ventana de piedra sobre el mar, porque esa es la sensación real cuando llegas arriba y miras a través de la roca.
La referencia más clara para situarte es la costa entre Liendo y Castro Urdiales. El acceso más usado sale del entorno del km 161 de la N-634 o del aparcamiento de Sonabia, así que la excursión queda muy bien conectada si vienes en coche. Esa ubicación, además, explica por qué el lugar mezcla playa, acantilado y montaña en un mismo recorrido.
Lo interesante no es solo la forma del arco, sino el entorno completo: una ladera caliza, una playa de salida y un horizonte abierto que cambia mucho según la luz. Y precisamente porque no es solo un punto en el mapa, merece la pena entender qué tiene de especial antes de ponerte las botas.
Por qué merece la pena acercarse
Yo lo veo como una combinación poco común: roca caliza, mar abierto, acantilado y una panorámica que cambia con la luz. El resultado no es una postal pulida, sino un paisaje con fuerza, de esos que te obligan a parar unos segundos aunque vayas con prisa.
La parte visual funciona por dos motivos. El primero es el arco en sí, que enmarca el Cantábrico y hace que la costa parezca todavía más salvaje. El segundo es el contexto: desde la parte alta se reconocen bien tramos del litoral, y eso le da al paseo una sensación de amplitud que no tienen otros miradores más “limpios” pero menos auténticos.
Además, aquí no solo vas a buscar vistas. En la zona es habitual ver buitres leonados, así que la excursión también tiene interés naturalista. A mí eso me gusta especialmente: cuando un paraje suma paisaje, relieve y fauna, la salida gana mucho aunque no seas un observador de aves.
En días claros el sitio es muy fotogénico; con nubes bajas o viento fuerte, el paisaje se vuelve más dramático, pero también más exigente. Esa doble cara es parte de su encanto y, al mismo tiempo, la razón por la que conviene planificar bien la ruta.

Cómo llegar por la ruta que más te conviene
Aquí es donde mucha gente se equivoca: da por hecho que todos los accesos son iguales y luego se sorprende con el desnivel. No lo son. Hay una versión corta, más directa, y otra circular que completa mejor la experiencia porque añade Solpico y Candina.
| Ruta | Distancia aprox. | Nivel | Qué te ofrece |
|---|---|---|---|
| Acceso directo al arco | Unos 6 km ida y vuelta | Fácil | Ir al objetivo principal sin alargar demasiado la salida |
| Circular completa por Solpico y Candina | 7,34 km | Moderada | Añade más desnivel, mejores panorámicas y una ruta más redonda |
| Variante pausada desde el Alto de Candina | 4 km | Baja-media | Ideal para caminar sin prisa y dedicar más tiempo al paisaje y la fauna |
Las cifras cambian algo según el punto exacto de inicio y el ritmo, así que yo las usaría como guía, no como dogma. Lo importante es decidir antes de empezar si quieres solo la formación natural o una jornada de montaña más completa.
La secuencia habitual es sencilla: aparcas, cruzas la playa de Valdearenas o Sonabia, enlazas el sendero ascendente y, una vez arriba, eliges entre ir directo al arco o seguir hacia Solpico y Candina. La primera mitad puede parecer amable, pero después aparecen pendientes, piedra suelta y algún paso en el que las manos ayudan más de lo que parece.
Ahí es donde cambia la experiencia de paseo por la de excursión de montaña ligera. Si te organizas bien desde el principio, el recorrido fluye mucho mejor.
Qué dificultad real tiene y qué llevar
Para quién la recomiendo
Yo la recomendaría a quien ya camine algo por montaña o, como mínimo, se mueva con soltura en terreno irregular. No la veo como salida de carrito, ni para estrenar zapatillas lisas, ni para improvisar con gente que se agobia en pendientes. Si vas con niños, mejor que estén acostumbrados a caminar y que el grupo no dependa de ir rápido.
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Equipo mínimo
- Calzado con buen agarre, mejor si es de trail o bota ligera.
- Entre 1 y 1,5 litros de agua por persona; en verano, yo subiría a 2 litros si piensas hacer la circular completa o parar mucho.
- Cortavientos ligero, porque el litoral se nota incluso en días templados.
- Algo de comida si quieres quedarte un rato a mirar o a comer en ruta.
- Mapa offline o track en el móvil, aunque el sendero esté razonablemente señalado.
La piedra caliza se vuelve traicionera cuando hay humedad, y el viento en los cortados puede fastidiar la sensación de seguridad incluso en un día despejado. Si has salido con lluvia reciente o con niebla baja, yo recortaría la ambición sin dudarlo y me quedaría con la opción más simple.
Para mí, ese es el criterio que marca la diferencia entre una ruta bonita y una ruta incómoda: no tanto la distancia como el estado del terreno. Y eso enlaza bien con la forma de organizar el resto de la escapada.
Qué planes encajan en la misma jornada
Si haces esta excursión con cabeza, te sobra media jornada para completar un día muy redondo. Yo la dividiría así: ruta por la mañana, comida sencilla cerca de la costa y una última parada tranquila antes de volver.
- Playa de Sonabia o Valdearenas. Es la pareja natural de la ruta. Subes temprano, bajas con calma y rematas con baño o paseo por la arena si el tiempo acompaña.
- Oriñón. Sirve para bajar pulsaciones y comer algo sin convertir el día en una maratón. Además, es una base cómoda si prefieres moverte sin tanta presión de horarios.
- Castro Urdiales. Si quieres cerrar con casco histórico, paseo marítimo y comida más completa, es la parada más equilibrada. Así mezclas naturaleza y pueblo costero sin romper el ritmo del día.
Yo no intentaría meter demasiadas cosas más. Esta ruta ya aporta bastante: costa, sendero, miradores naturales y una sensación muy clara de estar en un paisaje poco domesticado. Mejor dejar espacio para disfrutarla que llenar la agenda de paradas por puro impulso.
Lo que conviene recordar antes de subir a los arcos
- Ve temprano en verano; el aparcamiento no es infinito y la zona recibe bastante gente.
- Decide antes si quieres el acceso corto o la circular completa, porque sobre el terreno es fácil dejarse llevar y acabar haciendo más de lo previsto.
- No subestimes los tramos pedregosos: aquí resbala más una mala decisión que la pendiente.
- Si el día sale muy húmedo o con viento fuerte, cambia de plan. El lugar no se disfruta igual y el riesgo sube.
Si yo tuviera que resumir esta escapada en una sola idea, diría que el valor de los Ojos del Diablo no está solo en la foto del arco, sino en la mezcla de costa salvaje, sendero corto y sensación de altura sobre el mar. Con buen calzado, horario temprano y expectativas realistas, es uno de esos parajes cántabros que justifican por sí solos una mañana de ruta.